Ya no duele.

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Arequipa, Perú

 

Ya no duele,

ya no duelen los recuerdos,

ya no duelen tus palabras,

ya no duelen tus mentiras,

ya no duele.

 

Ya no duele que no me quieras,

ya no duele que no me hayas sabido valorar,

Ya no duelen tus promesas, aquellas

que no cumpliste, ya no duele que no

me hayas podido amar.

 

Lo que duele es haberte creído,

haberte deseado cuando tu valor

ya se había desvanecido, haber

querido seguir contigo después

de haberme herido. Lo que duele,

es haberme caído en el vacío, y

haberme permitido sufrir por algo

no correspondido.

 

Ya no duele, no duele igual,

te estas desvaneciendo, y estoy

aprendiendo a soltar. Y no, no

me has dejado un vacío.

Cada dia que pasa eres un

recuerdo cada vez mas borroso

en mi vida, y pronto no serás nada

mas que eso.

 

Ya no duele, y cada día soy mas fuerte,

te agradezco, por que sin ese dolor que

me causaste en un principio, no estaría

trazando nuevamente mi propio camino

y no estaria volviéndome en una pieza

de arte. Hermosa, invaluable y

maravillosa.

 

Te agradezco.

 

 

 

 

 

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Desapego.

 

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Dejar ir, soltar, desapegarse. Hemos escuchado innumerables veces estas palabras, estas tres palabras que suenan tan simples pueden resultar sumamente difíciles de hacer. Lo que sucede es lo siguiente; desde que somos chicos estamos condicionados a aferrarnos a las cosas, a las personas a todo aquello que consideramos cercano y nos hacen sentir seguros  o parte de una estructura que nos protege. El verdadero problema reside en que nos aferramos tanto a dichas cosas que nos olvidamos de nosotros mismos,  que empezamos a sentir que si sacamos ciertos factores de nuestras vidas todo se va a desmoronar o automáticamente vamos a terminar sintiéndonos solos o abandonados.

Desde niños nos enseñan a amar, nos enseñan a crear lazos fuertes con personas cercanas a nuestro entorno, nos condicionan a un modelo de vida, y de esa manera nos hacen creer que siempre vamos a estar protegidos o tener un colchón de apoyo. Ahora, no digo que este mal, es completamente normal, pero todo se vuelve confuso y difícil cuando nos arrebatan aquello que sentíamos propio, aquello con lo que nos encariñamos tanto y desapegarnos en ocasiones nos resulta casi imposible. Por otro lado, nos aterra tanto hacer un cambio en la estructura de nuestra vida, que decidimos no arriesgarnos y quedarnos sumergidos en la comodidad o la rutina. Creo que el verdadero desafío empieza cuando nos damos cuenta de que las cosas y las personas no perduran para siempre, que todo es pasajero, y que la vida misma tiene una fecha de expiración para nosotros mismos.

Dejar ir algo o alguien que significo mucho para nosotros puede ser sumamente doloroso  y tedioso, porque eso si, apegarse es fácil , pero a ver, dígamosle a un niño que suelte el juguete que tanto amo y veamos cual es su reacción.  Así actuamos con todo lo que la vida nos da y en algún momento tenemos que dejar ir; nos invade el miedo, las inseguridades, y en ocasiones nos desacomoda por completo. No es fácil, pero es importante tener ciertos factores en cuenta. En primer lugar aprender a querernos lo suficiente para no depender de los demás, crear nuestra propia independencia, marcar nuestro propio camino.

En segundo lugar y de suma importancia; las personas no son una posesión, no podemos reponerlas por otras exactamente iguales. Pero podemos llegar a un mayor entendimiento sobre ellas, pues quienes llegan a nuestras vidas tienen un propósito y su estadía a nuestro lado no perdura para siempre.  Por ende cuando se vayan, hay que tener en cuenta que  es por un bien mayor, que todo sucede por algo y que esa persona ya cumplió lo que necesitaba hacer en nuestras vidas.

Tercero y ultimo pero no  menos importante; aquello que soltamos, aquello que dejamos, no tiene por que dejarnos un vacío, al contrario, debería liberarnos por que a fin de cuentas si nos aferramos a algo mucho eventualmente nos hace daño (no podemos tirar de algo que supera nuestras fuerzas y es capaz de tumbarnos hacia abajo). Todo aquello que dejamos abre un espacio dentro de nosotros para experiencias nuevas, para recibir algo mejor, para dejar entrar a nuestra vida nuevas personas, cada una con algo distinto para ofrecer.

Soltemos, dejemos ir , comprendamos que el desapego es lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos y no tengamos miedo, afrontemos lo que viene y lo que se va de la mejor manera y observemos como de a pocos vamos creciendo cada vez mas.

Verdadero Amor.

 

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Arequipa, Perú

A veces las personas que más quieres son las que más nos decepcionan. A veces aquellos que pensamos que jamás podrían hacernos daño resultan ser más insensibles de lo que pensábamos. Sinceramente no entiendo como alguien puede vivir con la conciencia tranquila tras hacer sufrir a alguien, tras dejarla/o atrás sin importar que tan destruída/o esté o sin importarle como le pueden afectar sus acciones. Aquel que te quiere de verdad no se va sin mirar atrás, aquel que te quiere de verdad no se va sin antes ayudar a levantarte a del suelo. Aquel que te quiere de verdad, es paciente, escucha, aconseja, y jamás te abandona.

Encontrar el amor transparente hoy en día resulta ser sumamente difícil, la empatía hacia los demás parece ser historia pasada. Hay quienes entran en nuestra vida de una manera pasajera solo para enseñarnos lo que en un futuro no debemos dejar ingresar y para brindarnos las herramientas para volvernos más sabios y más fuertes. Malo o bueno todo aquel que llega en nuestra vida nos deja una enseñanza, y por algo se nos presentan.

Aquellas personas que no supieron apreciarnos, que no supieron valorarnos, no merecen un espacio en nuestra vida y aunque sea difícil hay que soltarlas y dejarlas ir. Y jamás bajo ninguna circunstancia aferrarnos al odio, más bien desearles que en algún futuro aprendan de sus errores y puedan ser mejores personas. Lo que sí debemos hacer es reconocer los diferentes tipos de amor que nos rodean, no pasarlos por alto, y agradecer qué hay quienes jamás nos van a dar la espalda y nos van a tender una mano cuando más la necesitemos.

Cada vez más humana.

 

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Arequipa, Perú

Desde que nacemos nadie nos enseña a como sobrellevar el dolor, el sufrimiento. Creo que hay muchas cosas que no se nos explican cuando somos niños y cuando se nos presentan situaciones que se escapan de nuestras manos y por primera vez se desencadenan emociones desconocidas, no sabemos como manejarlas y pueden llegar a desbordar por todos lados.

Cuando era chica mi solución a los problemas era hacer de la vista gorda, ignorarlos, ponerlos atrás y no pensar en ellos. Yo misma creía que estaba creando un mecanismo de protección y una manera de mantenerme fuerte. Solía creer que no enfrentarlos era la mejor manera de evitar el sufrimiento y seguir con naturalidad mi vida. Sin embargo, de a pocos entendí que lo único que estaba haciendo era cargar una mochila que doblaba mi talla en peso y tamaño y que en un momento u otro eso iba a explotar y me iba a dejar tendida por todos lados. En efecto sucedió, hubo un punto crítico de mi vida en que todo cayo sobre mi, en que todo lo que había enterrado por tanto tiempo cayo sobre mi como una avalancha y empezaron a salir a flote las emociones.

Creo que los dilemas de la vida y por lo que atravesamos nos convierten en las personas que somos hoy en día y que cada uno tiene que viajar por su propia experiencia para darse cuenta de aquello que anda mal y como debemos actuar para solucionarlo. Yo opté volverme de piedra, era la única manera que encontraba de mantenerme estable, pero esa piedra me volvió fría, retraída, y empece a asemejarme mas a un robot que otra cosa. Me equivoqué, y con ayuda externa, logré entender por que me había vuelto así, logre entender lo que causaba reprimir las emociones y opte por dejarlas ir.

Debo admitir que no fue nada fácil, no puedo decir con exactitud cuanto tiempo me tomo sacar todo lo que tenia adentro, y que se posicionaban en épocas remotas de mi vida. Expulse todo lo que tenia adentro, llore, grite, y por primera vez dije en voz alta todo lo que había callado. No fue fácil, eran demasiadas cosas, demasiadas cosas que tuve que desmantelar y asimilar. Era la primera vez que dejaba que todo saliera hacia afuera, que me expresaba desde lo mas adentro y poco a poco fui sacando cada espina y cada clavo que estaban dentro mío clavados.

Cuando por fin dejé todo atrás, cuando ordené las piezas de mi propio rompecabezas, recobre mis colores, recobre mi vida, recobre la importancia de mi voz y reconocí lo que era mas sano para mi. Fue entonces cuando por primera vez obtuve paz, calma y sosiego.   A veces me cuesta no hacerme de hielo para no sufrir, pero luego pienso que aquellos sentimientos me hacen humana, y que si las cosas no se botan en su debido momento se vuelven una carga más. Entiendo que tengo permitido llorar, que tengo permitido reclamar y que tengo permitido pedir ayuda si la necesito.

Hoy ya no sufro hacia adentro, boto todo lo que tengo en su momento, me desahogo y lo dejo ir. Y algo de los que estoy segura, es que si esperamos mucho para tener un duelo sobre algo, este  será más difícil y doloroso. El dolor es completamente natural, es algo por lo que todos atravesamos en un punto u otro y tenemos que experimentarlo para poder crecer como personas y seguir avanzando de la manera correcta en nuestra vida. Es nuestra decisión si queremos seguir sufriendo, o enfrentar las cosas, darles la cara, luchar y salir de ello.

Hoy soy una persona distinta, una persona que entre el caos busca encontrar la calma, o la salida, y a pesar de que el camino se ponga sumamente difícil, tengo la certeza  de que soy capaz de caminar sobre el y sobrellevar las adversidades de la mejor manera. Soy una marea, cambio constante, flujo de emociones, y eso, eso es lo que me hace humana e imperfectamente perfecta.