Desapego.

 

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Dejar ir, soltar, desapegarse. Hemos escuchado innumerables veces estas palabras, estas tres palabras que suenan tan simples pueden resultar sumamente difíciles de hacer. Lo que sucede es lo siguiente; desde que somos chicos estamos condicionados a aferrarnos a las cosas, a las personas a todo aquello que consideramos cercano y nos hacen sentir seguros  o parte de una estructura que nos protege. El verdadero problema reside en que nos aferramos tanto a dichas cosas que nos olvidamos de nosotros mismos,  que empezamos a sentir que si sacamos ciertos factores de nuestras vidas todo se va a desmoronar o automáticamente vamos a terminar sintiéndonos solos o abandonados.

Desde niños nos enseñan a amar, nos enseñan a crear lazos fuertes con personas cercanas a nuestro entorno, nos condicionan a un modelo de vida, y de esa manera nos hacen creer que siempre vamos a estar protegidos o tener un colchón de apoyo. Ahora, no digo que este mal, es completamente normal, pero todo se vuelve confuso y difícil cuando nos arrebatan aquello que sentíamos propio, aquello con lo que nos encariñamos tanto y desapegarnos en ocasiones nos resulta casi imposible. Por otro lado, nos aterra tanto hacer un cambio en la estructura de nuestra vida, que decidimos no arriesgarnos y quedarnos sumergidos en la comodidad o la rutina. Creo que el verdadero desafío empieza cuando nos damos cuenta de que las cosas y las personas no perduran para siempre, que todo es pasajero, y que la vida misma tiene una fecha de expiración para nosotros mismos.

Dejar ir algo o alguien que significo mucho para nosotros puede ser sumamente doloroso  y tedioso, porque eso si, apegarse es fácil , pero a ver, dígamosle a un niño que suelte el juguete que tanto amo y veamos cual es su reacción.  Así actuamos con todo lo que la vida nos da y en algún momento tenemos que dejar ir; nos invade el miedo, las inseguridades, y en ocasiones nos desacomoda por completo. No es fácil, pero es importante tener ciertos factores en cuenta. En primer lugar aprender a querernos lo suficiente para no depender de los demás, crear nuestra propia independencia, marcar nuestro propio camino.

En segundo lugar y de suma importancia; las personas no son una posesión, no podemos reponerlas por otras exactamente iguales. Pero podemos llegar a un mayor entendimiento sobre ellas, pues quienes llegan a nuestras vidas tienen un propósito y su estadía a nuestro lado no perdura para siempre.  Por ende cuando se vayan, hay que tener en cuenta que  es por un bien mayor, que todo sucede por algo y que esa persona ya cumplió lo que necesitaba hacer en nuestras vidas.

Tercero y ultimo pero no  menos importante; aquello que soltamos, aquello que dejamos, no tiene por que dejarnos un vacío, al contrario, debería liberarnos por que a fin de cuentas si nos aferramos a algo mucho eventualmente nos hace daño (no podemos tirar de algo que supera nuestras fuerzas y es capaz de tumbarnos hacia abajo). Todo aquello que dejamos abre un espacio dentro de nosotros para experiencias nuevas, para recibir algo mejor, para dejar entrar a nuestra vida nuevas personas, cada una con algo distinto para ofrecer.

Soltemos, dejemos ir , comprendamos que el desapego es lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos y no tengamos miedo, afrontemos lo que viene y lo que se va de la mejor manera y observemos como de a pocos vamos creciendo cada vez mas.

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