El pasado no es un lugar de residencia.

 

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Retrato, Punta Sal, Peru

El pasado no es un lugar de residencia.

Muchas veces nos quedamos estancados en un lugar al cual no podemos volver más. No podemos vivir atados a algo que no esta más, que se esfumo y que en ocasiones recordar nos trae dolor o sufrimiento. El pasado puede haber formado una parte muy importante de nuestras vidas y quizás algunos momentos vividos fueron maravillosos; sin embargo, tenemos que comprender que esos momentos no están mas, y aunque nos acompañen para siempre y queramos volver a aquello que nos brindo tanta felicidad, no podemos volver a estar en el mismo lugar dos veces.

Ahora, no digo que lo olvidemos por completo, por que aquello que hemos experimentado en nuestras vidas ya sea bueno o malo nos conforman y poco a poco han ido construyendo a la persona que somos ahora. No es fácil dejar atrás lo vivido, pero si es necesario, porque necesitamos soltar y dejar ir para llenarnos de nuevas experiencias y continuar con el largo camino que tenemos por recorrer.

Por otro lado, el futuro no lo conocemos y descifrarlo no tiene sentido; por ende, el único sitio donde debemos estar es aquí y ahora, en el presente, por que a fin de cuentas es el único lugar donde nuestra mente debería estar. Yo sé que muchas veces nos cuestionamos hacía donde vamos, muchas veces cuestionamos el rumbo de nuestras vidas y también muchas veces nos quedamos pensando en el “que hubiera pasado sí”.

La incertidumbre y el miedo de que es lo que va a pasar mas adelante muchas veces nos asusta y nos hace pensar más de la cuenta. Pero les digo que no hay que tener miedo, que hay que estar preparados y con la mente abierta para recibir lo que venga. Para abrazar cada cambio y cada reto nuevo que aparezcan en el camino y para seguir adelante sin nada que nos amarre hacía atras y con la certeza que la vida nos va a sorpender tarde o temprano.

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Infancia, te encontré.

 

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Villa Sur – km 112

Hace no mucho que miraba atrás y no encontraba en mi memoria los recuerdos de cuando era niña. Había algo que los bloqueaba, algo que me impedía recordar. Era como una página en blanco o un vaso vacío. Por más que me sentara horas a pensar nada se me venía a la mente y en ocasiones cuando me preguntaban que me gustaba de niña no sabía que responder.

Esta supresión de recuerdos sucedía por que sentía que había crecido abruptamente, que de niña se me presentaron muchos baches en el camino y que en efecto no había tenido una infancia muy feliz. Me acostumbre a esa idea y deje de buscar, deje de romperme la cabeza para intentar recordar y tristemente seguía viviendo con ese vacío. Hace unos días volví al lugar donde crecí, fuera de la ciudad, donde pase la mayor parte de mis veranos; había dejado de ir ya hace mucho tiempo y cuando entre a esa casa y empecé a recorrer cada rincón todo volvió a mi.

Los recuerdos empezaron a venir uno trás otros, vivídos y casi palpables. Pude acordarme de un sin fín de momentos de cuando era niña, de los paseos por la playa, de los chapoteos largos en el mar, de las pelotas de arena, de las salidas en kayak o en lancha. Recordé los momentos en familia, los primos, los amigos, los tíos, los abuelos. De como me embaducaban de protector tanto así que parecía un mimo. Ahora sé, ahora entiendo, que feliz era, que libertad sentía, corriendo por la playa casi desnuda y llenándome por completo de arena. Que ganas de vivir tenía y de cada día probar algo distinto y hacer algo nuevo.

Mi alegría rebalsa al haberme encontrado conmigo misma. Al haber recuperado mi niña interior a mis 22 años de edad. Al saber que no era una página en blanco, que el tiempo había vuelto difuso lo que estaba escrito pero ahí estaba esperando a que me llene de claridad para poder leer las letras y una historia llena de vida. Y es que a veces solo basta con volver a nuestras raíces para recuperar aquello que creíamos haber perdido.

Atardecer.

 

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Villa, Lima, Peru

 

Hoy el cielo ha montado un espectáculo,

Hoy el cielo ha bajado el telón.

Se ha peinado para la ocasión y

en el se forman líneas y formas.

 

Las nubes se han esparcido dejando alos de luz y

permitiendo que el sol se prepare para su descenso.

Las gaviotas se han unido a la ocasión y danzan entre ellas, subiendo

y bajando para tocar el agua con sus alas o sumergirse en el mar.

 

El cielo se va pintando de un tinte anaranjado,

de un amarillo brillante, de un celeste pastel

y un blanco despampanante.

El mar y el viento también son protagonistas de esta obra.

En perfecta armonía se forma cada ola y tiñe la arena de

espuma para luego dejar marcado su camino.

 

El sol empieza a reflejarse en el agua, de a

pocos se va desvaneciendo y esta listo para ocultarse.

Ha terminado su turno, ya poco falta para que se

apaguen las luces y mañana se prepare para nuevamente

montar otro escenario como este.

 

Que lindo espectáculo llamado atardecer, que paz

y tranquilidad contemplar tanta belleza, respirar tanta vida

y oír al viento y al mar cantar.

La segunda piedra.

 

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Punta Hermosa, Lima, Peru

Solo el ser humano es capaz de tropezar con la misma piedra dos veces, y es que es humano y por ende no es perfecto. Sin embargo esos segundos tropiezos son premeditados, pues podemos evitarlos y se igual manera en ocasiones decidimos meternos en el mismo agujero.

Si, habrán personas que quizás nos dirán `’​tu te lo buscaste´o `te lo dije´, pero lo que no saben es que lo hicimos a plena consciencia y aunque nos duela como la primera vez, ese dolor es necesario porque aun no habíamos aprendido lo suficiente. A veces volvemos al mismo lugar dos veces porque sentimos que es necesario, porque sentimos que quedaron cabos sueltos y en ese momento pensamos que estamos haciendo lo correcto.

Puede ser que en el camino nos demos cuenta que al final las cosas no salieron como deseábamos y volvimos a tropezar con lo mismo, pero es gracias a ello que podemos concluir que en efecto ese lugar o ese camino que estábamos persiguiendo no es para nosotros. A veces esa segunda piedra, ese segundo tropiezo aunque nos golpee fuertemente nos despierta, y finalmente señala la dirección que debemos seguir.

Así que no lo tomemos como un error, por que fue por algo que volvimos ahí, fue por algo que volvimos a tropezar con ella… y resulta que la vida nos va a poner en el camino muchas piedras y solo podremos esquivarlas cuando verdaderamente hayamos aprendido  su lección.

¿Eres feliz?

 

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Chiara Orsini

Si les dijera que tengo la receta de la felicidad estaría mintiendo. Por más que muchos quisiéramos, esta no viene en un frasquito mágico ni mucho menos es fácil encontrarla de una manera permanente o conseguir que sea duradera. Yo lucho por mantenerla, aún sigo buscando y creo que es una búsqueda eterna y requiere de un esfuerzo constante.

Es cierto que hay mucho para ser feliz, que a veces somos más afortunados de lo que creemos y sin embargo no nos sentimos completos, no nos sentimos satisfechos, y lo que sucede  es que intentamos encontrar la felicidad en cosas externas y es ahí donde nos equivocamos. A veces nos preguntamos por qué no somos felices si tenemos todo, y nos olvidamos de  buscar en el lugar mas importante de todos, dentro nuestro. En lugar de ello, nos dejamos ir, nos dejamos llevar por el día a día y decidimos conformarnos con la felicidad a corto plazo que dan ciertos placeres.

No es extraño que olvidemos darnos un tiempo para nosotros, un respiro y sobre todo  momentos a solas para reflexionar. Para reflexionar sobre nosotros mismos, para ordenar nuestra mente y priorizar lo que realmente importa en nuestras vidas. Darles peso a aquellas cosas que realmente nos hacen felices, y que logran que nuestra felicidad sea cada vez mas duradera.

Somos seres humanos, a veces nos envolvemos en nuestras propias emociones, a veces dejamos que las adversidades se apoderen de nosotros y nos estancamos, y les damos   tanto peso que no nos damos cuenta que nos estamos quitando tiempo valioso en nuestras vidas. No es fácil ponerle buena cara a todo, pero lo que si es cierto es que los pensamientos positivos ayudan mucho a mantener la calma, a mantenernos estables y a permitir que lo externo no nos afecte de más.

Mi lucha para mantenerme feliz y estable es constante y con los años me he dado cuenta que muchas veces, aunque estemos tocando fondo, solo basta respirar, mirar todo lo que nos rodea y sonreír porque estamos, y porque a pesar de los problemas podemos sacar una sonrisa.