Aprendizaje y Conocimiento.

 

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Punta Mero, Máncora

 

Leí esto en un libro e intenté aterrizar la idea ya hace varios días pero por algún motivo me costaba encontrar la respuesta. Decía lo siguiente “No son ellas(os) las que me enseñan si no yo el que aprendo”. La frase no iba particularmente dirigida a las personas pero me quedé pensando mucho en ella y llegué a la conclusión de que se puede aplicar a la vida en general. Resulta que es más sabio el que aún enseñando tiene la capacidad de aprender. El que no se cree superior, el que considera que es capaz de seguir aprendiendo, el con el paso de los días sigue encontrando nuevas maneras de nutrir su intelecto y no se detiene hasta el ultimo de sus días.

Cada día que pasa tenemos la oportunidad de aprender algo nuevo, y es que absolutamente  todo lo que nos rodea nos puede enseñar algo. Si hablamos de las personas, estas nos pueden dar lecciones tanto directas como indirectas. Una simple conversación o intercambio de palabras nos enseña sin mucho esfuerzo, pero cuando uno aprende de otro indirectamente, cuando observa con atención su comportamiento o sus acciones, el aprendizaje es mayor, pues a raíz de nuestro propio criterio decidimos tomar aquello como una lección  sin la necesidad de que se nos diga algo.

Por otro lado hay personas que se cruzan en nuestra vida solo para enseñarnos algo, una vez cumplida su misión estas se van o se quedan, dependiendo de que es lo que necesitamos (tengamos  en cuenta que todos aquí somos tanto maestros como alumnos). Sinceramente creo de quien mas podemos aprender es de nosotros mismos, pues como seres humanos racionales, tenemos la capacidad de analizar nuestras acciones, de reflexionar sobre nosotros mismos, de hilar nuestro propio rompecabezas y de tomar cada experiencia que nos pase como una nueva forma para adquirir conocimiento.

Muchas veces pasamos desapercibidas cosas cotidianas que nos pueden dar diversas lecciones y es por ello que hay que mantenerse atento.  Cada puerta que se cierra, abre otra para brindarnos algo mejor. Cada tropiezo y cada caída no solo nos hacen más fuertes sino que aportan a nuestro crecimiento. El dolor, por ejemplo, es una de las mayores fuentes de aprendizaje (una vez superado) así como las emociones y sentimientos que percibimos a lo largo de nuestras vidas. El mundo de por si, tiene demasiado para mostrarnos, nos enseña a que no podemos deternos por más de que las cosas se pongan difíciles; que en la simpleza podemos encontrar cosas maravillosas si es que estamos despiertos y aprendemos a vivir en armonía con el.

El camino del conocimiento y aprendizaje es largo, nunca se detiene. Por ende,   siempre tenemos que estar con los brazos abiertos para recibir, para dar acceso a los cambios y nutrirnos cada día mas.   Es importante detenernos a pensar de vez en cuando, culminar nuestros días y analizar que hemos aprendido de el (créanme que siempre aprendemos algo y jamás son cosas insignificantes). El universo es sabio, en ocasiones  se nos puede aparecer una lección una  otra vez y esta va a seguir haciéndolo hasta que aprendamos de ella. Prestemos atención, estamos por algo en este mundo, no cerremos los ojos ante situaciones que pueden cambiarnos la vida y enseñarnos cosas invaluables.

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