Reflexiones en tiempos de cuarentena.

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Punta Hermosa, Peru

Este es mi día 17 en cuarentena, en varios países quizás van menos o mas, la verdad yo ya perdí la cuenta. Este tiempo (y creo que a muchos) me esta dando muchos momentos para pensar, para reflexionar y hacer un análisis amplio acerca de todo el panorama que estamos viviendo. Son muchos pensamientos los que me invaden a medida pasan los días, algunos días son pensamientos positivos otros no tanto. He hecho mi mejor esfuerzo en poner en palabras que es lo que pienso, como lo veo yo y sobre todo cómo me siento.

Sinceramente todo me  parece muy extraño, cada vez que salgo a la calle me invade la angustia, el temor, la incertidumbre. Parece todo salido de una película, o que estoy viviendo dentro de una pesadilla de la cual no puedo despertar. Nos enfrentamos a una pandemia que nos ha dejado paralizados, en donde las grandes ciudades han cesado por completo su funcionamiento, en donde las fábricas han dejado de producir, los autos han dejado de transitar, las personas han dejado de salir de sus casas y las calles se ven desiertas y desoladas. Muchos empezamos el 2020 como cualquier otro año, con metas, propósitos, sueños; sin embargo, la vida tenía para nosotros otros planes. El nombre coronavirus para nosotros todavía no era una amenaza, varios países al estar ubicados geográficamente muy lejos del lugar de origen del COVID-19 hacían caso omiso y seguían funcionando con normalidad. No nos imaginábamos que tarde o temprano aquel virus llegaría a cada rincón del mundo.

De pronto en un abrir y cerrar de ojos la vida cambió; los gobiernos se empezaron a enfrentar a su peor crisis y medidas extremas empezaron a tomarse globalmente. Entramos en cuarentena, y por primera vez entendimos lo que verdaderamente era privarse de la libertad. La sanidad cobró más importancia que nunca y empezamos a vivir dentro de un cuadro que jamás hubiéramos imaginado. Es terrible y se que estamos asustados, pues nos enfrentamos a la mayor incógnita que jamás hubiéramos pensando, la incógnita de no saber qué va a pasar, de no saber cuándo va a terminar o de cuándo volveremos a la normalidad.

 La economía tiembla de un hilo, las grandes empresas están desesperadas y aquellos que vivían del pan de cada día para alimentar a su familia, hoy luchan para resistir un día más. Todos estamos sufriendo, quizás bajo distintas circunstancias pero de una manera u otra a todos nos afecta. Por primera vez en mucho tiempo los países se han alineado en cuanto ideas y pensamientos, las disputas entre ellos han pasado a segundo plano y todos están juntos por una misma causa: contener el virus, proteger a sus ciudadanos y tomar cuantas medidas sean necesarias para poder salir de esto.

La otra cara de la moneda nos muestra como por fin el mundo puede respirar, como el aire se ha limpiado y como la naturaleza goza y nos agradece por detener temporalmente todo lo que le hacía daño. Se que es difícil encontrarle el lado positivo a todo lo que está sucediendo, se que es nefasto cómo está pandemia ha generado un impacto tan grande en nuestras vidas. Sin embargo; pónganse a a pensar, ¿cuántas veces nos hemos quejado del tiempo?, aquel que es sumamente valioso y se nos escapa de los manos, ¿cuántas veces nos hemos quejado de no poder dedicarle tiempo a nuestras familias? o de no tener tiempo para nosotros mismos, para respirar, descansar y detenernos a pensar. La realidad es que andamos tan inmersos en la rutina yendo de un lado a otro que nos hemos olvidado de nuestra esencia, aquella que nos caracteriza como seres humanos y la hemos minimizado a raíz de tanto materialismo, consumismo y egocentrismo.

Esta enfermedad que ha infectado al planeta nos está pidiendo que miremos hacia adentro, que dejemos de lado la indiferencia, que nos humanicemos y solidarizamos con el prójimo. Abran los ojos, vean que no somos muy diferentes al resto. Ojalá que cuando todo esto pase y retomemos nuestras vidas hayamos cambiado para bien, hayamos evolucionado, y hayamos dejado la arrogancia, la insensibilidad y la apatía. Ahora solo nos queda esperar y tener mucha fe (porque la esperanza es lo último que se pierde). Cuando todo esto acabé estoy segura que habremos aprendido las lecciones más importantes de nuestras vidas y a valorar lo que realmente importa.

One Comment Add yours

  1. Vaya reflexión!!
    En mi país la cuarentena no es obligatoria, aún así se hace lo que se puede. Definitivamente es tomar un respiro para uno mismo y darle uno al mundo.
    Me ha gustado lo que compartes y espero, al igual que tú, que cuando todo esto pase seamos personas más conscientes y más agradecidas.

    saludos!

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